jueves, 23 de febrero de 2012

El mágico oficio de hacer escobas

“¡Escoba, escoba, escoba, artesanales las escobas!” grita el vendedor que pasa tarde, mal y nunca por los cerros de Valparaíso, por los barrios de Quilpué, las calles de Quillota. Por toda la región y Chile, existe un vendedor que viaja ofreciendo el apreciado producto para el hogar. De todos los colores lleva escobas, pero las mejores, las irremplazables, las que barren hasta la última migüita de pan, es la escoba artesanal de curagüilla.

Algunos piensan que está hecha de paja o de ramas, pero lo cierto es que el material con el cual las confeccionan es la curagüilla, una planta parecida a la del choclo, pero que crece sin dar fruto. Esta planta, en Chile, se cosecha en los meses de abril- mayo. Ahí es cuando la familia Bastías de La Calera, famosos por dedicarse a la fabricación de escobas artesanales, compran toda la curagüilla necesaria para el trabajo de un año. Según Mario Bastías, tercero en la generación de su familia en seguir con la tradición, ellos ocupan más o menos 2 quintiles de curagüilla al día. Al año también compran unos diez mil palos de escoba, que los traen directamente desde el sur del país.

TRADICIÓN FAMILIAR
“Mi abuelo cuando llegó a la zona, se instaló y comenzó el oficio. Le enseñó a mi papá y él a mi. Mi papá fue el que construyó la máquina para hacer escobas y así fue creciendo el negocio” cuenta Mario. Él dice que su trabajo le da para vivir bien, de hecho, varios de sus hijos fueron a la universidad, gracias a lo que le da las escobas. “Muchas veces nos ha pasado que no damos abasto,  nos piden y nos piden escobas pero como somos cuatro personas las que trabajamos aquí, no alcanzamos a hacer tanto”. Él junto a Jaime, Atilio y su joven sobrino Francisco, se levantan todos los días a trabajar a las 7 am. De lunes a viernes, todo el año y sin vacaciones. “No podemos darnos ese lujo, porque dejaríamos personas sin trabajar” dice Mario, por aquellos vendedores ambulantes que compran sus escobas, como también tiendas y ferreterías que le hacen encargos.

BUENA PEGA
Mario cuenta que cuando era niño, como todos los niños, no le gustaba que lo mandaran, que así aprendió a regañadientes el oficio. Pero después fue creciendo y dándose cuenta de lo bueno que era. “Ésta es buena pega, porque nosotros somos nuestros propios jefes, nadie nos manda, además que se venden harto, porque las escobas y escobillones plásticos nunca han superado nuestras escobas. Eso la gente lo sabe, éstas escobas pueden durar un año de uso, hasta más tiempo incluso”.

OFICIO EN EXTINCIÓN
La noble tradición pasa un momento crítico. Y no porque  las escobas artesanales no tengan demanda, sino porque son los jóvenes quienes no se interesan en dedicarse a su fabricación. “Dicen que les pica trabajar con la curagüilla, que esto, que lo otro. No les llama la atención” explica Mario, al ver que su sobrino sería el último de la familia, hasta el momento, en seguir con el oficio.

Lo cierto, es que es un bello trabajo, que requiere de esfuerzo, de precisión, de técnica. El “costurero”, como llaman ellos al que realiza todos los pequeños detalles, como peinar la escoba, aplanarla y emparejarle el corte, es quien deja la escoba lista para ser usada. Trabajo de artesano, de joyero, de artista. Si se acaba esta tradición ¿Cuál otra nos queda?



Crónica periodística
publicada en el diario La Estrella de Valparaíso
el 23 de febrero del año 2012



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